Break Dance

Break Dance

Mi otra pasion…

El arte siempre ha sido mi lenguaje, mi forma de conectar con el mundo y conmigo mismo. Aunque muchas personas me conocen por mis murales y mi amor por el grafiti, hay otra pasión que late con la misma intensidad en mi vida: el breakdance.

Descubrí el breakdance cuando era adolescente, en los mismos callejones y parques donde practicaba mis primeras líneas de grafiti. Me atrajo de inmediato esa combinación de fuerza, creatividad y fluidez. Era como si el cuerpo se convirtiera en un pincel que dibujaba sobre el aire, trazando movimientos que decían tanto como cualquier mural o pieza de arte.

Lo que más me fascina del breakdance es la libertad que ofrece. No hay reglas estrictas, solo la capacidad de escuchar la música y dejar que el ritmo guíe cada giro, cada salto, cada pose congelada. Es un diálogo constante entre el sonido y el cuerpo, entre el entorno y la imaginación. Para mí, es otra forma de expresión artística, pero en lugar de colores y texturas, uso movimientos y energía.

En el breakdance, cada sesión de práctica se siente como crear un boceto. Al principio, los movimientos son torpes, como líneas que no encajan del todo, pero con el tiempo y la dedicación, todo fluye. Mi estilo combina fuerza y precisión con movimientos fluidos, inspirados en los mismos temas que exploro en mis murales: resistencia, justicia, y comunidad.

El breakdance también me ha enseñado mucho sobre la conexión con las personas. Cuando estás en una batalla o una sesión de cypher, compartes un espacio donde no importa de dónde vienes o quién eres. Lo único que importa es lo que traes al piso, la autenticidad de tus movimientos y cómo te expresas. Esa misma energía de unión y respeto es algo que trato de llevar a mi vida cotidiana y a mis murales.

Lo curioso es cómo estas dos pasiones se cruzan. Cuando pinto, muchas veces me encuentro recordando pasos y movimientos, casi como si el mural fuera un escenario y mis pinceladas fueran mi baile. Y cuando bailo, visualizo los colores y las formas que normalmente plasmo en una pared. Ambos mundos se alimentan el uno al otro, creando una simbiosis única que me define como artista y como persona.

El breakdance no es solo una disciplina física; es una filosofía. Me ha enseñado a ser resiliente, a encontrar belleza en el caos y a expresarme sin miedo. Cuando estoy en el piso, girando o congelado en una pose desafiante, siento lo mismo que cuando termino un mural: la satisfacción de haber puesto mi corazón en algo y haberlo dejado todo ahí.

Así que, para mí, el breakdance y el grafiti son dos caras de la misma moneda. Ambas son formas de resistencia, de libertad y de creación. Y aunque parezcan mundos distintos, comparten un mismo mensaje: sé auténtico, sé tú mismo, y no dejes de expresarte.

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